jueves, 7 de agosto de 2008

UN HÉROE CONCRETO



Hola chicos, ya os he hablado de DANI OLIVER, un amigo al que no se olvida, por ello, sigo teniendo en la cabeza lo que le pasó y me gusta recordarlo para que abramos los ojos ante estas injusticias que por desgracia pasan demasiado a menudo. Antes de irme de vacaciones y ya que lo voy a tener muy presente en estos días, quería hacerle un pequeño homenaje. Para ello, os adjunto un reportaje que publicó el diario EL PAÍS y que refleja fielmente cómo era.





REPORTAJE
Un héroe concreto
Retrato de Daniel Oliver, el estudiante que perdió la vida por defender a una mujer golpeada por su novio
IGNACIO ZAFRA / XAVIER ESPANYA - Valencia - 29/10/2007

¿Cómo es un héroe? El diccionario habla de hombres ilustres, virtudes, mitología y relatos épicos. Todo muy abstracto. Pero ¿cómo es un héroe concreto? En Valencia hay unas cuantas personas que conocieron a uno. Se llamaba Daniel Oliver, tenía 23 años y murió el martes en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Clínico de Valencia. Terminó allí porque seis días antes, cuando salía de la facultad y volvía a casa, intentó defender a una joven a la que estaba golpeando su novio. Daniel apenas tuvo tiempo de intervenir. Se acercó y el agresor, asiduo al gimnasio de su barrio, experto en defensa personal, 10 centímetros más alto y más ancho que él, lo tumbó con un golpe mientras se giraba. El estudiante se partió la cabeza contra el suelo.

"Era abierto, buen estudiante y con muchos amigos", dice su padre
Estudiaba quinto de Derecho y tenía una beca Erasmus para Noruega
El agresor vio el resultado y se vino abajo. Sólo entonces los demás testigos, los que no son héroes (y había bastantes: eran las 13.30 en la avenida más universitaria de Valencia) y estaban contemplando la escena desde la barrera, se acercaron.
Daniel Oliver nació accidentalmente en Barcelona y llevaba los colores del Barça marcados a fuego. Pero era de Benicull, un pueblo de 950 habitantes a 40 kilómetros de Valencia y a menos de cinco del Parque Natural de L'Albufera. Era también el típico chaval que se queda con la gente: "Simpático, sincero. Siempre decía las cosas a la cara, que después a esa gente es a la que se tacha de... Si tenía algún problema contigo, te lo decía. Para resolverlo. No le daba vueltas a las cosas ni evitaba la situación nunca. Siempre de cara", dice Pau Alberola, colega de Daniel desde que se acuerda. Sus amigos coinciden en lo que uno de ellos describe como una permanente disposición a "evitar cualquier riña por medio del diálogo".
Oliver estudiaba quinto de Derecho en el campus de Tarongers, un conjunto de edificios de dimensiones gigantescas, pasillos infinitos y atmósfera fría como el hielo. El número de alumnos (5.300) y la fragmentación de grupos por asignaturas, tampoco estimulan la socialización.
Pero aquello no frenó a Dani: el viernes, a las 12.00, más de medio millar de personas, la mayoría alumnos, se concentraron bajo una lluvia fina para recordarle ante la facultad. Era el chaval que en el viaje de fin de carrera a la Riviera Maya se plantaba en medio del autobús y se soltaba contando chistes, recuerdan Laura de Julián y Macarena Gil, que lo conocieron en abril, bajo el calor espantoso de las pirámides de Chichen Itzá.
"Era el típico pequeñito, nerviosillo, alegre... El típico bicho acelerado pero súper buen tío que cuando veía algo que no le parecía bien, no se callaba", cuenta Francesc Banyuls, de 23 años. Oliver llegó a estudiar a Valencia y se metió en un piso de estudiantes. Los que lo conocen no tienen dudas de que hubiese conectado con los noruegos. Tenía billete para irse en febrero a Tromso a terminar la carrera con una beca Erasmus.
Hijo de un profesor de inglés del colegio de los Maristas de Algemesí, en mayo Oliver fue de sustituto por las listas de Esquerra Unida en Benicull. No tenía vinculación con la coalición, pero se lo propusieron y fue. "Yo he hablado mucho con él de política y tenía un pensamiento de izquierdas. Decía que había que cambiar las cosas desde arriba del todo, que había que hacer fuerza", relata Alberola.
Pero Daniel no era un hombre de partido. Siempre que no se tratara de un partido de fútbol: jugó en el Albalat, el Algemesí, el Polinyá. Y jugaba en un equipo de la universidad. "Era de los que te contaba las jugadas que había hecho y por la mañana te las volvía a contar". Su padre, Roberto Oliver, recuerda que la fiebre futbolera le venía de la época del loco Stoichkov. A pocas horas del entierro de Daniel, que supuso una gran conmoción en el pueblo, Roberto evoca cómo su hijo, de pequeño, era "abierto, espabilado, buen estudiante y con muchos amigos". Una de sus mayores ilusiones, cuando regresaba a Benicull los viernes, "era jugar a fútbol-sala con sus amigos en el pabellón".
Quienes lo conocían no se extrañan de que aquel día corriera a ayudar a la mujer en apuros. ¿Y qué hubieran hecho ellos? "No lo sé", responde Francesc Banyuls. "Cuando son las fiestas de mi pueblo, que sueltan toros, yo nunca me meto en el recinto. Y siempre me he preguntado: ¿El día que pille el toro a un amigo, qué haré? ¿Me tiraré encima o no? A mí me gusta pensar que sí lo haría. Y estoy contento de pensar que tengo un amigo que sí lo ha hecho".

3 comentarios:

m.eugènia creus-piqué dijo...

Hola nena guapa !
Ya leí lanoticia cuando ocurrió y me pareció terrible, pobre muchacho, tan joven,es una pena, y el otro sinvergüenza tan pancho.

filomeno2006 dijo...

Caso parecido al del profesor Don Jesús Neira Rodríguez

Rachel dijo...

Sí filomeno, cuánta razón tienes, de hecho mi entrada de hoy va dedicada al Sr.Jesús Neira. Cuando vi la noticia se me revolvió el estómago pq era como si hablasen de Dani, todo tan parecido...Gracias por tu comentario.