jueves, 2 de julio de 2015

CALOR INVISIBLE

Fue una noche de verano, la luna brillaba y el calor no la dejaba dormir. 
Sumida en un mar de emociones, suspiró, se dejó caer en la cama, olía bien, a perfume de lavanda con un toque dulzón. 

Se giró y sus pensamientos invadieron su ser, sentía sus caricias, como apartaba su pelo, notaba sus besos, él estaba con ella, abrazándola, queriéndola, sintiéndola...ella no quería que cesara, cerró sus ojos y se dejó, se abandonó a ese placer que recorría todo su cuerpo, ¡qué sensación tan maravillosa! 
Siguió abrazada a él, era suyo, por un instante seguían siendo uno. Aceptaba su aliento en ella, ardía en deseo por tocarlo, por acariciar su cuerpo, su piel. 

Tantos recuerdos en un momento, ella, él, juntos por siempre pese a la lejanía que enlazaba sus vidas. 
Entonces abrió los ojos, estaba sola, ¡qué amarga realidad!, pero seguía embriagada de él, de su olor, todo su mundo era ese calor invisible que la rodeaba. 
Sólo trataba de encontrarle, de seguir viviendo esos minutos de paz, buscaba la felicidad que sólo él le proporcionaba. 
Abandonada a esa pasión desmedida, locura contenida, bajó su mirada y se quedó dormida, llena de él, de ellos, mutuamente suyos.